Intervención de la Representación Permanente de España ante Naciones Unidas en el Acto de Presentación de la exposición En Pie de Foto

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Intervención de la Representación Permanente de España ante Naciones Unidas en el Acto de Presentación de la exposición En Pie de Foto

Instituto Cervantes de Nueva York, Jueves 5 de Abril de 2012

Intervención de Francisco Javier Sanabria, Encargado de Negocios a.i. de la Misión Permanente de España ante Naciones Unidas

Sra. Presidenta de la Fundación Miguel Ángel Blanco y Diputada al Parlamento Vasco, Sra. Presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo, Sr. Representante del Equipo Especial de Naciones Unidas para la Aplicación de la Estrategia Global en la Lucha contra el Terrorismo (CTITF), señoras y señores,

En pie.

Con la cabeza erguida. Pese al dolor lacerante en el corazón y a una tristeza muy honda en el alma.

La valentía de las víctimas de una vesania de lógica perversa e implacable, la dignidad de hombres y mujeres, de paisano y de uniforme, y su estatura moral – de lo que quiere ser reflejo esta exposición – nos conmueven, nos sostienen y nos redimen.

“Pobre del país que necesita de héroes” (Bertolt Brecht, “Galileo Galilei”). Nos duele un país, el nuestro, que ha visto germinar actitudes indómitas, muchas de ellas en mujeres-coraje, cuyos nombres

[Pilar, Consuelo, Gotzone, Regina, Ana, María, Maite, Bárbara, Natividad, Mar, Cristina, Rosa, Sandra …] evocan potentes la resistencia cívica frente a la guadaña del terror, la higiene ética frente a la espesura séptica.

Nombres que nos han sacudido el sopor, que nos han impelido a espantar ese miedo que atenaza, a cobrar el ánimo de desenmascarar al encapuchado, a no inclinar la cerviz ante las torvas miradas y las voces tronantes o desabridas de los instigadores, los cómplices, los apologetas y los corifeos del terror.

Personajes, notables -bien que a su pesar- los unos, anónimos, los más, cuya perseverancia en concentraciones silenciosas – gritos callados, gestos por la libertad – en la intemperie de las plazas públicas, rectangulares o elípticas, ha iluminado una agónica travesía por un desierto de plomo que parecía inacabable.

Resistentes, a quienes nos hemos aferrado para no ceder a la tentación del desistimiento.

Hubo un tiempo en el País Vasco de funerales oscuros y apresurados; despachos fúnebres a los que madres, padres, viudas y huérfanos asistían aturdidos e incrédulos, al cabo de los cuales se difuminaban tras los féretros hacia sus tierras de origen para, a menudo, nunca más volver.

Otros, los que permanecían en la localidad que les vio nacer, crecer, atarearse, habían de soportar, sobre la ignominia de la muerte violenta del ser querido a manos de un verdugo impersonal, el trato áspero de unas instituciones esquivas junto al vacío gélido, la condena al ostracismo, cuando no el desprecio altanero y hasta el escarnio vil del convecino. El odio, inmarcesible, la compasión, ausente.

Tardó en aflorar, pero lo hizo, la justa ira de una rebelión colectiva contra la tiranía del tiro en la nuca y de la bomba-lapa. Miguel Ángel Blanco Garrido tenía 29 años cuando ETA lo secuestró el 10 de julio de 1997. Su crimen, servir como concejal en el ayuntamiento de su pueblo. Fue ejecutado a sangre fría a las cuarenta y ocho horas. 48 horas de angustiosa vigilia en que se alzaron millones de manos blancas y multitud de voces clamaron contra aquella infamia, incluso en aldeas y valles donde nunca antes habían osado levantarse. Nació el “espíritu de Ermua” como expresión perenne de la mejor condición moral de las víctimas sobre los victimarios, de la superioridad abismal de sus valores y razones sobre los de sus perseguidores y verdugos. Conviene tenerlo presente en esta hora donde, más allá de la derrota de la banda terrorista, resulta legítimo y aun imperativo no rebajar un ápice el grado de exigencia moral y democrática a ese mundo de sombras.

España tiene una larga y dolorosa experiencia en terrorismo. Ha soportado un reguero incesante de asesinatos selectivos y también los zarpazos inmisericordes de los atentados indiscriminados. Al despuntar la mañana del 11 de marzo de 2004 los españoles nos sobrecogimos ante el mayor atentado terrorista cometido en suelo europeo, el que se perpetró en unos trenes de cercanías en Madrid. Nuestro particular 11-S ha dejado una cicatriz profunda en la sociedad española. En esta muestra no podían faltar imágenes impactantes de aquella masacre execrable que a los españoles nos acerca aún más, si falta hiciera, a las víctimas del terrorismo del mundo entero y, desde luego, a las de esta ciudad de Nueva York, generosa y abierta.

Ladies and gentlemen.

On behalf of the Permanent Mission of Spain to the United Nations I would like to sincerely thank you for having accepted our invitation to the opening of this exhibition. The pictures around us reflect the suffering of people like you and me, human beings who have directly confronted the scourge of terrorism. We owe them our most sincere gratitude since their sacrifice and their exemplary dignity have decisively contributed to our freedom. May our presence here today be a tribute to them.

2017-01-07T16:43:37+00:00 05/04/2012|Categories: Discursos, España en la ONU|