España en la ONU en el Día Mundial de la Radio

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España en la ONU en el Día Mundial de la Radio

En el Día Mundial de la Radio, España ha participado en la mesa redonda titulada “El perdurable poder de la radio” que ha tenido lugar en la sede de la ONU. Francisco Javier Sanabria, representante de la embajada española ante las Naciones Unidas, ha pronunciado el discurso de apertura de la reunión. En su intervención ha resaltado la buena salud de la que goza la radio en la era de las nuevas tecnologías y su destacado papel en el acercamiento entre naciones y personas de todo el planeta, para fomentar así la paz, la seguridad, la cooperación internacional y los derechos humanos.

Agradezco a la Oficina de Enlace de la UNESCO y al Departamento de Información Pública de Naciones Unidas su invitación a participar en la sesión de apertura de esta jornada. Esta celebración responde, en su origen, a una petición de la Academia Española de la Radio que culminó con la proclamación de la fecha del 13 de febrero como Día Mundial de la Radio por la Conferencia General de la UNESCO. La Asamblea General de Naciones Unidas mediante la resolución 67/124 ha endosado este 14 de enero esa decisión de la UNESCO.

Permítanme una breve cuestión previa. No somos partidarios de la proliferación de días internacionales o mundiales, ya que una sobreabundancia de los mismos puede producir un efecto general contrario al realce o llamada de atención que esa práctica persigue. La proclamación de tales días debe, a nuestro juicio, ejercerse con contención atendiendo a razones de peso de índole histórica, pedagógica, axiológica e incluso práctica.

Sentada esa premisa, creemos que en la radio concurrían muchas y significativas razones para su celebración. Se trata de un medio tradicional de vibrante y esplendorosa actualidad y con un enorme potencial de futuro. Su inmediatez, su respeto por la libertad del oyente -quien puede modular a su albedrío la intensidad de su atención y compaginar la escucha con multitud de posibles quehaceres- hacen de ella una compañía tan discreta o cercana como el oyente desee, La radio propone, no se impone.

La radio goza de una excelente salud y, pese a los decenios que lleva cumplidos, de una fuerza juvenil extraordinaria. Lejos de decaer con el paso de los años, percibimos cómo crece su tono vital. La revolución desencadenada con el advenimiento de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, la implantación de la era digital con la aceleración vertiginosa de la propagación de las noticias y de las opiniones no sólo no han condenado a la radio al baúl de los recuerdos, sino que han fortalecido su proyección a través de un maridaje sólido y fecundo con el mundo de internet y las redes sociales.

Atrás queda –o casi- el encanto de aquellas interferencias que obligaban al oyente a manipular las ruedas del receptor o incluso colocarlo en posiciones estrambóticas para no perder el hilo de una sintonía; atrás quedaron, como piezas de museo, aquellos aparatos de radio que presidían los aparadores de las salitas como muebles señoriales con sus diales que recorrían las frecuencias de gran parte del orbe, desde Tokio a San Francisco, pasando por Moscú, Casablanca o México D.F.

No es sorprendente que la iniciativa del Día Mundial de la Radio haya provenido de la Academia española. España, si se me permite la licencia, es un país de radio. Durante décadas han triunfado en mi país las emisoras convencionales, las temáticas y las cadenas de radiofórmula, con multitud de adeptos. Desde los tiempos pioneros se ha hecho una radio de gran calidad que combinaba el entretenimiento con la cultura, el teatro con la radionovela, la divulgación científica con el carrusel deportivo, el concurso de sabios con el consultorio sentimental, las lecciones de historia con los programas de música ligera.

Me refiero a aquella radio que antes de la llegada de la televisión permitía asistir a acontecimientos históricos y “ver”, más que imaginar, paisajes y hasta hechos trascendentales como el gol que marcó a Inglaterra el ariete Zarra en el Mundial de fútbol de Brasil de 1954. Los que siguieron la retransmisión a cargo del gran Matías Prats no sólo vivieron la emoción de aquella jugada –los laureles de la selección española de fútbol son cosecha reciente-, sino que recuerdan visualmente aquel gol con mayor nitidez que si hubieran ocupado asiento en el estadio. Aquella época de crecimiento adolescente de la radio quedó magistralmente reflejada en la película, que ya es un clásico del cine español, “Historias de la radio” de José Luis Sáenz de Heredia. Tiempos aquellos que podríamos llamar, como en el título de otra película, ésta de Woody Allen, “Días de radio”.

Pero como ha quedado apuntado, ni la historia de la radio acabó ahí, ni declinó el potencial de esta formidable herramienta. Importante en la España de Franco, no lo fue menos durante la transición política cuando los micrófonos bajaron a la calle, las emisoras se abrieron a las llamadas de los oyentes y los estudios se convirtieron en la caja de resonancia de las esperanzas, las privaciones, las alegrías y los miedos de la ciudadanía. La radio latía en “directo-directo”. Se anticipaba a la televisión en la difusión de las primicias como el anuncio de la legalización del partido comunista por un jadeante reportero, Alejo García, el sábado santo de 1977 o cuando los micrófonos abiertos en el Congreso de los Diputados el 23 de febrero de 1981 trasladaron extramuros del Parlamento la estruendosa irrupción del Teniente Coronel Tejero.

Desde entonces y hasta hoy, en España, la radio es sinónimo de libertad. Garantiza, junto con los demás medios de comunicación, el derecho a una información plural y es vehículo privilegiado para la libertad de expresión, derecho fundamental consustancial a toda sociedad libre.

Espero que sepan disculparme por haberme refugiado en mi territorio nacional doméstico. No quiero, con todo, dejar de suscribir que entre las potencialidades de la radio se encuentra la posibilidad de forjar, valiéndose de las nuevas tecnologías, un acercamiento entre naciones y personas de todo el planeta y fomentar así la paz, la seguridad, la cooperación internacional y los derechos humanos. No es tampoco necesario recordar que en situaciones de emergencia (catástrofes naturales, crisis humanitarias, conflictos) la radio es una herramienta tan poderosa que puede incluso salvar vidas.

Confío en que la jornada de hoy sirva para poner en común experiencias y crear unas bases y proyectos que permitan a la radio contribuir a ese empeño al que países como España venimos dedicando lo mejor de nuestros esfuerzos.

 

2017-01-07T16:43:36+00:00 13/02/2013|Categories: Discursos, España en la ONU|Tags: |