“El otro lado del Estrecho” (Artículo publicado en El País el 3 de abril de 2014)

No solemos percibir a África como un continente a la vanguardia de la adopción de nuevas tecnologías y, sin embargo, en muchos aspectos lo es. Estamos acostumbrados a una imagen de África que solo refleja lo negativo: conflictos, dictaduras, pobreza, hambre. Todo esto existe, pero es importante dejar claro que esa no es la realidad africana, sino una parte cada vez más pequeña de esta. Hay una África que no sale en las noticias y que avanza con fuerza en la escena internacional. En 2012, mientras los países de la Unión Europea luchábamos contra una crisis que redujo nuestro crecimiento a cero, África subsahariana crecía casi el 5%. Seis de los 10 países con mayor crecimiento en la última década están en África y, según el Banco Mundial, África subsahariana crecerá aún más rápido en 2014, acercándose al 6%. Y no es solo la economía la que avanza, también lo hace la sociedad y con ella la política. Los cambios de gobierno democráticos y pacíficos están dejando de ser la excepción para convertirse gradualmente en la norma general.

Europa necesita actualizar su relación con África para adaptarla a los nuevos desafíos y oportunidades. Ese es el objetivo de la Cumbre UE-África que se está celebrando en Bruselas. En ella, los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea y de África buscamos construir una nueva relación capaz de enfrentarse a los desafíos comunes y transformar las oportunidades que se nos presentan en mejoras tangibles en las vidas de los ciudadanos.

La Unión Europea es el primer socio de África en todos los órdenes. Somos su principal socio comercial, el continente donde más emigrantes africanos viven y trabajan, el primer donante de ayuda al desarrollo y el principal contribuyente a misiones de paz en el continente. Nuestra relación con África ya no se limita a la cooperación para el desarrollo. De hecho, África recibe actualmente más fondos remitidos por sus emigrantes en el extranjero que cooperación. También las inversiones extranjeras en África superan a la ayuda y no solo recibe inversiones sino que también invierte en otros países. Hoy en día Angola invierte más en Portugal de lo que lo hace el país europeo en su antigua colonia.

Por tanto, es imperativo poner al día nuestra relación con África y, para España, esa relación debe tener tres pilares fundamentales. En primer lugar, debe centrarse en responder a los desafíos a la paz y la seguridad africanas, apoyando soluciones africanas a los conflictos africanos. En segundo lugar, debe contribuir al avance de la democracia y los derechos humanos en el continente, puesto que esta es la única vía para vertebrar sociedades inclusivas. Y, por último, debe promover una asociación económica entre África y Europa que ponga todos los mecanismos de que disponemos, desde la cooperación al desarrollo hasta el comercio o las inversiones, al servicio de la creciente prosperidad de los africanos.
España ya está construyendo esos tres pilares. Nuestras Fuerzas Armadas contribuyen a la paz en Malí y Somalia y pronto lo harán también en la República Centroafricana. Es una contribución consensuada con la oposición, enmarcada en fuerzas de la UE, amparada en resoluciones de Naciones Unidas y solicitada por la Unión Africana. También nuestras empresas son ya conscientes de las oportunidades que África presenta: las exportaciones españolas a África en 2013 duplican la cifra de 2007, en los albores de la crisis. En ninguna otra región del mundo han crecido tanto nuestras exportaciones: actualmente nuestras empresas exportan más al continente africano que a América Latina.

Dije antes que también abordaría los problemas de África. Empezaré por el que nos afecta de forma más directa y visible, la inmigración. Dejemos claro desde el principio que nadie sufre la tragedia de la inmigración irregular más que el propio inmigrante, convertido en una víctima de las mafias de la explotación de seres humanos. Acabar con ese drama de forma duradera pasa necesariamente por crear alternativas a la inmigración en los propios países de origen. La clave para ello es apoyar la transformación, ya en marcha, de las sociedades africanas para hacerlas más abiertas e inclusivas. Los propios africanos impulsan esta transformación frente a la resistencia de los que quieren preservar sus privilegios, de los que quieren imponer su voluntad mediante el terrorismo y de los que quieren que toda la sociedad se someta a sus ideas radicales.

La clase media está creciendo en África más rápido que en ninguna otra región del planeta. El 34% de la población de África, más de 300 millones de personas, son ya clase media según el Banco Africano de Desarrollo. En 2060 serán 1.100 millones de personas, casi la mitad de la población. El reto para la UE y para España es ayudar a crear la seguridad física, jurídica e institucional necesarias para que esa clase media progrese, para que nazcan nuevas empresas africanas y para que nuestras empresas inviertan en África. Eso alimentará un círculo virtuoso en el que una prosperidad creciente generará mayor estabilidad y mejores oportunidades para los africanos, que ya no verán la emigración como su única opción.
Nos hemos acostumbrado a las buenas noticias sobre el ascenso de Asia y la pujanza de América Latina. Ya casi hemos olvidado que hace 30 o 40 años los periódicos solo hablaban de dictaduras, pobreza y guerra en ambos continentes. Asia y América transformaron sus sociedades y ahora son fuente de oportunidades y de prosperidad para sus ciudadanos y para los de España. En los próximos 20 años África hará la misma transformación; y la proximidad será para España una fuente de fortalezas y una ventaja comparativa. La Unión Europea y África emprendemos juntos esa transformación. Un viejo proverbio africano dice que si quieres viajar rápido, debes viajar solo; pero si deseas llegar lejos, mejor viajar en compañía”.

Mariano Rajoy es presidente del Gobierno de España.
Link al artículo en El País: http://elpais.com/elpais/2014/04/02/opinion/1396461258_570996.html