Señor Presidente,

Señor Secretario General,

Señores Jefes de Estado y de Gobierno,

Señoras y señores,

Es un honor grande y un privilegio dirigirme como Rey de España a esta Asamblea General de las Naciones Unidas, en el comienzo de mi reinado.

Comparezco ante ustedes para compartir con la Comunidad Internacional el compromiso de mi país con los principios y valores universales que mejor definen a la Humanidad. Y tengo hoy el placer de exponerles  lo que una España renovada, pero fiel a sí misma y a sus compromisos internacionales, puede ofrecer en favor de la paz, la libertad, la justicia y los derechos humanos en todas las naciones y para todas las personas, junto a su bienestar y prosperidad.

España es una nación con raíces milenarias y una clara vocación universal, que ha contribuido intensa y decisivamente a moldear la historia del mundo. Recordemos que está en la génesis histórica tanto de la globalización y el Derecho Internacional, como del parlamentarismo medieval y la democracia liberal contemporánea. Con esta perspectiva de los siglos vemos con claridad que nuestros mejores momentos tienen lugar cuando avanzamos abiertos y volcados al mundo.

Sinceramente, veo hoy a la sociedad española como un ejemplo de compromiso con la dignidad de las personas, solidaria con los más desfavorecidos. Tiene un profundo sentido de la igualdad, rechaza el fanatismo, la violencia y la intolerancia, y ama la paz. Es una sociedad diversa en su cultura y en sus lenguas, capaz de superar dificultades con entereza y con sentido de la responsabilidad; y que demanda integridad y ejemplaridad como valores cívicos intrínsecos a la democracia. La española es una sociedad fuerte y generosa, con empuje, de la que me siento verdaderamente orgulloso.

Y así, los españoles miramos hoy al futuro con una voluntad firme de compartir y de ayudar a construir una realidad mejor para todos los pueblos. Nuestras bases son sólidas, forjadas durante siglos y fortalecidas, en particular, en los últimos decenios; y sobre ellas se fundamentan los compromisos que España asume con el resto de la Comunidad Internacional.

La Democracia es hoy la guía esencial de nuestra convivencia colectiva. Pronto se cumplirán cuatro décadas de la transición política española, que nos permitió pasar de una dictadura a un sistema político de libertades y derechos, marcado por un afán de reconciliación histórica y un verdadero espíritu de concordia.

Permítanme, por tanto, reivindicar con orgullo – y con emoción- esa gran obra política de los españoles, ejemplo para muchos en el mundo. Un sistema desde el que los españoles hemos articulado un Estado social y democrático de Derecho que ampara a todos los ciudadanos y a los distintos territorios de España en su diversidad política, geográfica, cultural y lingüística.

Por tanto, cuenten siempre con el firme compromiso de España para promover y defender los valores democráticos en el mundo.

Sin olvidar los efectos de la crisis, el desarrollo económico de España, particularmente desde la segunda mitad del siglo pasado, ha situado a nuestra economía entre las primeras del planeta y entre las más abiertas y competitivas; y lo ha hecho logrando posiciones –hoy- de liderazgo a nivel mundial en sectores muy diversos, de alto valor añadido y gran impacto social.

Con todo ello, España apoya sin fisuras un desarrollo económico global y sostenible; que haga posible el progreso material y el bienestar; que genere empleo y proteja a las personas y a sus derechos sociales; un desarrollo sostenible también en lo ecológico, respetuoso con las reglas internacionales  y que recupere valores éticos de conducta en los comportamientos económicos.

En relación con la cultura, España siempre ha sido una potencia de primer orden; y entendemos que la cultura – para todas las sociedades- conforma nuestra identidad y es fuente de riqueza material e inmaterial.

La pujanza del español, como un idioma universal compartido por decenas de países y cientos de millones de personas en todos los continentes, de hecho contribuye decisivamente a garantizar una mayor diversidad cultural y lingüística en el escenario internacional. Se trata éste de un objetivo sin duda capital para la comunidad humana- tan plural- que aquí está representada. Por tanto, el español debe asumir ampliamente su definición formal de idioma oficial en las Naciones Unidas, como lengua de trabajo y de plena presencia y representación.

Pues bien, desde la amplitud y la altura de nuestra base cultural, afirmamos el compromiso de España con la defensa de la diversidad cultural en todas sus manifestaciones y en todos sus ámbitos.

La historia y la posición geográfica privilegiada en una encrucijada de continentes, mares y civilizaciones, han hecho que España desarrolle una sólida proyección universal y una vinculación especial con algunas regiones del planeta.

Entre ellas, Europa representa una dimensión obvia. El proceso de integración continental en torno a la Unión Europea forma hoy parte del proyecto nacional del Reino de España. Propugnamos una Europa más unida y cohesionada, que preserve y extienda los valores democráticos y cívicos que inspiraron su creación, y que garantice la prosperidad de todos sus ciudadanos. También defendemos una Europa fuerte y solidaria, que contribuya, con generosidad y eficacia, al progreso en paz de otras regiones del mundo.

Por historia y cultura, la Comunidad Iberoamericana de Naciones forma parte sustancial de nuestro sentimiento colectivo de identidad y representa para nosotros una verdadera hermandad en el ámbito internacional. Un sentimiento que se amplía a otros lugares gracias a los vínculos culturales, históricos y lingüísticos que también mantenemos con otras naciones y pueblos del resto de América, de África, de Asia y de Oceanía.

El Mediterráneo, en sus riberas norte y sur, junto a Oriente Próximo y el Mundo Árabe en toda su extensión, son para España espacios muy cercanos, no solo en lo geográfico, sino también en lo cultural y afectivo. Por ello, afirmamos nuestra voluntad – e interés- por contribuir a la estabilidad de esta región, como algo fundamental para la paz en el mundo.

Una región que sufre en algunas de sus sociedades el azote de una barbarie intolerable; una violencia criminal y atroz que amenaza a todas las sociedades del planeta y a los mismos valores de la Civilización Humana Universal.

 

Señoras y señores,

La vocación universalista de España y los compromisos de mi país en materia democrática, económica y cultural – que acabo de expresar- , se resumen en el pleno compromiso con la Carta de las Naciones Unidas bajo la que estamos aquí convocados. Una Carta que representa uno de los grandes logros de la Humanidad y que hemos de preservar, respetar y hacer cumplir. Así, España cree firmemente en las Naciones Unidas y en los mecanismos multilaterales, para preservar la paz y seguridad internacionales y para contribuir al desarrollo de los pueblos.

Vivimos tiempos marcados por la proliferación de conflictos; algunos de ellos especialmente devastadores y con efectos indiscriminados sobre las poblaciones civiles. Nuestro objetivo primordial ha de ser prevenir las guerras; y  cuando no lo consigamos, entonces proteger y asistir a los inocentes y damnificados. Nunca hemos de cejar en nuestro empeño de resolverlas mediante la diplomacia y todos los instrumentos que otorga la Carta de Naciones Unidas.

Sobre todo, no perdamos la esperanza y recordemos que -a pesar de todo- el anhelo de concordia puede y debe prevalecer sobre los odios más enquistados.

Una versión – sobre tapiz- del Guernica, obra de un español universal, Pablo Picasso, flanquea la entrada al Consejo de Seguridad. La escena representada en este icono del arte todavía conmueve nuestras conciencias; y nos hace recordar  las fatales consecuencias de nuestra incapacidad para prevenir y resolver los conflictos- que a todos nos afligen. Pues es un error pensar que las guerras, o las catástrofes causadas por el hombre, tan sólo afectan a una comunidad o a una región sin incumbir al resto. Cuando la barbarie triunfa en algún lugar del mundo nadie está al abrigo de su alcance, todos somos sus víctimas.

Pero los conflictos armados no son las únicas amenazas a la Comunidad Internacional.  El mal adopta variadas formas y sus víctimas tienen múltiples rostros:  cada niño atrapado en situaciones de crisis o de violencia; cada mujer que es vejada o limitada en sus derechos simplemente por serlo; cada enfermo que fallece por falta de medicamentos o cada anciano abandonado; también cada familia sin alimento y sin esperanza por una injusta distribución de la riqueza… o cada periodista asesinado por cumplir con su deber de informar; son otras tantas interpelaciones a nuestra conciencia y a nuestro deber, otras tantas llamadas a la acción.

Los miembros de esta Asamblea General cuentan con España para hacer frente, todos juntos y desde la legalidad internacional, a quienes pretenden destruir -con intolerancia, con violencia o con sectarismo- los valores y principios que constituyen nuestras Naciones Unidas.

 

Señoras y señores,

España ha demostrado siempre su apoyo incondicional al Sistema de Naciones Unidas y su responsabilidad activa con los principios que – en esta Asamblea- todos reconocemos: la libertad, la justicia, la igualdad, la soberanía nacional, la independencia y la integridad de los Estados. Y continuará asumiendo, como hasta hoy, sus plenas responsabilidades como miembro de Naciones Unidas.

Con esa vocación, España está dando un paso más adelante como candidata a un puesto no permanente del Consejo de Seguridad para el bienio 2015-2016. Nuestra candidatura se inscribe en un compromiso sólido de servir más y mejor a la Comunidad Internacional. Como así hemos hecho en el Consejo de Seguridad – una vez cada década – desde hace cuarenta años, gracias a que ustedes han confiado en nosotros. Solo les pido que renueven esa confianza.

En los últimos veinticinco años, 130.000 miembros de las Fuerzas Armadas españolas han participado en Operaciones de Mantenimiento de la Paz y de ayuda humanitaria en todas las regiones del mundo. Han sido – y se han sentido- parte de un gran esfuerzo colectivo al que contribuyen muchos de los países aquí reunidos.

De igual forma, España se ha consolidado en las últimas décadas como gran contribuyente a la cooperación para el desarrollo. No hay paz ni seguridad duraderas sin un desarrollo sostenible y no hay desarrollo sostenible sin una mayor solidaridad –tanto entre las distintas naciones como dentro de cada una de ellas. Además, el desarrollo ha de ir acompañado por políticas de inclusión, que contemplen la plena igualdad de género e incorporación de la mujer a todos los ámbitos de la vida política, social y económica.

España, como vemos, es solidaria. En los últimos 14 años, mis compatriotas han contribuido con 30 billones de dólares al desarrollo global. De esta cantidad, casi un billón ha sido destinado a lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio, a través de un Fondo creado por España y coliderado por el PNUD; la mayor aportación realizada por un solo país.

Precisamente, una de las tareas más relevantes de esta Asamblea General será la de culminar las negociaciones para la agenda de desarrollo post-2015 y definir unos Objetivos de Desarrollo Sostenible. Aquí también España ha dado un paso al frente creando el primer Fondo – ya en funcionamiento- para esos Objetivos de Desarrollo Sostenible.

El logro de la sostenibilidad pasa en gran medida por combatir los efectos nocivos del cambio climático. La Cumbre de ayer y la reciente Conferencia de Samoa sobre los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo – a cuya organización ha contribuido España- nos han concienciado aún más sobre este problema; y también nos permiten mejorar nuestra respuesta y resistencia ante situaciones límite, especialmente a los Estados más vulnerables cuya misma supervivencia está en peligro.

Los objetivos de desarrollo sostenible que nos proponemos están a nuestro alcance. De nuevo, hay motivos para la esperanza:

Pienso, particularmente, en los avances alcanzados en África; un continente tan próximo a España y en el que surgen por doquier nuevos ejemplos de innovación y creatividad. África es un continente de presente y de futuro, donde vemos algunas de las economías con mayor crecimiento en la última década.

Pero es muy necesario poner fin a los conflictos que aquejan a partes de esa región y retrasan su desarrollo. Desde el Sahel hasta el Cuerno de África o la región de los Grandes Lagos, España contribuye a ello cumpliendo con nuestro compromiso, que nace de nuestra vocación y de nuestra cercanía.

Creemos en África, y lo demostramos con hechos; también cuando surgen crisis acuciantes como la que hoy representa la epidemia de ébola que afecta a una parte importante de la región central. Quiero expresar la solidaridad del pueblo español con las víctimas y nuestro apoyo a quienes hacen todo lo posible por socorrerlas, a veces a costa de su propia vida. Y rindo mi homenaje más sentido a los cooperantes y a todo el personal humanitario de Naciones Unidas, cuya vocación les lleva a dejarlo todo – a darlo todo-  por los más vulnerables, allá donde se encuentren.

 

Señoras y señores,

Han pasado casi treinta años desde la primera intervención de mi padre el Rey Juan Carlos ante esta Asamblea General. Hoy, como entonces, España se abre a un tiempo nuevo. Hoy, como entonces, asumimos nuestro lugar como miembros activos y responsables de la Comunidad Internacional aquí representada.

Les aseguro que la Comunidad Internacional, representada hoy en esta Asamblea General, podrá seguir contando con el apoyo y la participación activa de España en la defensa irrenunciable de los valores e intereses de una Humanidad en paz, cada vez más próspera y más justa; de unas Naciones Unidas no sólo más fuertes sino, además – y sobre todo-, de unas naciones más unidas:

Más unidas contra el fanatismo, la intolerancia y la barbarie.

Más unidas para luchar contra la pobreza, la miseria y la marginación.

Más unidas para que la educación y la sanidad alcancen a todos.

Más unidas, Sr. Presidente, para defender con firmeza la dignidad de todo ser humano.

Muchas gracias.