Nueva York, 19 de enero de 2015

 Señora Presidenta, es para mí un honor participar en este Debate Abierto de Alto Nivel. Se trata de mi primera intervención ante el Consejo de Seguridad desde que España ingresara en el mismo como miembro no permanente el pasado 1 de enero. Mi satisfacción es doble al coincidir con la presidencia de nuestros amigos chilenos y con la presencia entre nosotros de la Presidenta Bachelet. Me permito recordar que la suya ha sido la primera visita de una Jefa de Estado a España durante el reinado de Felipe VI en una muestra de los muy estrechos lazos que unen a nuestras dos naciones.

Quisiera, asimismo, agradecerle haber convocado un Debate Abierto sobre un tema de permanente actualidad. Saludo también la presencia del Secretario General y agradezco las intervenciones del Presidente de la Comisión de Consolidación de la Paz, Embajador Patriota, y la de la Premio Nobel de la Paz, Sra. Leymah Gbowee Los tres pilares sobre los que se sustentan las Naciones Unidas no son independientes entre sí. Al contrario, si uno de ellos falla, pone en riesgo toda la estructura diseñada por la Carta. Como muy bien ha señalado el Secretario General, Sr. Ban Ki-moon, no hay paz sin desarrollo y no hay paz duradera o desarrollo sostenible sin respeto hacia los derechos humanos y el Estado de Derecho. Y también se puede añadir que no hay paz ni desarrollo sostenibles sin inclusión en todas sus dimensiones. Esta ha de ser la principal conclusión de este debate. La nota de concepto preparada por la Presidencia resulta muy útil a ese propósito.

Señora Presidenta, nadie discute que el Consejo de Seguridad tiene como responsabilidad primordial el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales. Ahora bien, la idea de paz y seguridad ha cambiado desde los tiempos en que se adoptara la Carta. La paz ya no es la simple ausencia de guerra, como la seguridad no se limita a la reducción de las amenazas, sino que son algo mucho más complejo.

En el mundo de hoy, la paz y la seguridad son un conjunto de factores que abarcan desde la seguridad personal de los ciudadanos, a la superación de fracturas sociales abismales; desde un funcionamiento adecuado de instituciones imparciales, hasta la ausencia de corrupción generalizada; desde la erradicación de la violencia de género en todas las capas de la sociedad, hasta las reformas educativas orientadas a combatir el discurso del odio; desde las campañas electorales limpias y justas, hasta el respeto por la integridad territorial de los Estados. Todas ellas conforman un entramado protector estrechamente vinculado a la prosperidad de las naciones y al respeto a los derechos humanos.

En otras palabras, la noción de paz y seguridad es inclusiva, de manera que la inclusión en todas sus dimensiones (ya sea territorial, nacional, étnica, social, económica, cultural o de género) es clave para la estabilidad interior de un país, para la paz internacional y –lo que no es menos importante- para prevenir conflictos en el futuro.

España entiende muy bien esta idea, pues es una nación plural y amante de la diversidad. Somos una nación con culturas y sensibilidades diversas, hecha a base de aluviones históricos originados por nuestra situación de tierra de encrucijada entre Europa, África y las Américas, encuentro entre Oriente y Occidente, puerta del Mediterráneo y cabeza de puente entre el nuevo y el viejo continente. Todo ello ha dado lugar a un cruce de etnias, culturas, identidades y tipos humanos que hemos ido integrando durante siglos de historia. La unidad dentro de la diversidad es uno de nuestros rasgos destacables.

Más recientemente, la llegada de un gran número de emigrantes también ha constituido un nuevo aporte enriquecedor, aunque no exento de desafíos. El principio de inclusividad ha sido uno de los que ha guiado nuestra actuación, tanto en la cooperación dirigida a los países de origen de los emigrantes como en lo que atañe a las políticas sociales hacia los inmigrantes.

Por lo que se refiere a nuestra cooperación internacional, tres de las cinco orientaciones del IV Plan Director de la Cooperación Española (vigente hasta finales de 2016) están inspiradas en la idea de que el desarrollo inclusivo es esencial para mantener la paz y la seguridad. Me refiero a la consolidación de los procesos democráticos y el Estado de Derecho; a la reducción de la vulnerabilidad a la pobreza extrema y a la crisis; y a la promoción de los derechos de las mujeres y la igualdad de género. Esto significa que España da prioridad a aquellos proyectos de cooperación inspirados en estas orientaciones inclusivas.

En cuanto al plano interno, la inclusión social, económica y de género de los inmigrantes es prioritaria. Esto se ha logrado a través de políticas sociales que han incidido tanto en la ayuda a la integración de los inmigrantes en nuestra sociedad, como de concienciación y preparación de la sociedad española para acogerlos adecuadamente. El fin último de estas políticas es evitar tanto la creación de bolsas de exclusión, que fácilmente podrían dar lugar a la marginalidad como de prevenir la xenofobia.

Esta filosofía de la inclusión está en la raíz de la diplomacia preventiva, que la Carta recoge en su Capítulo VI y que ciertamente ha renacido en los últimos años. Es un concepto acuñado hace ya bastantes años por Dag Hammarskjöld, que cobra todo su sentido en una situación internacional como la que estamos atravesando.

Señora Presidenta, España ha apostado claramente por la diplomacia preventiva como instrumento en las relaciones internacionales, especialmente en el plano multilateral. Mi país es miembro fundador y activo del Grupo de Amigos de la Mediación en Naciones Unidas creado a instancias de Finlandia y Turquía y ha puesto en marcha, junto con Marruecos, la Iniciativa para la Mediación en el Mediterráneo, que tiene por objetivo construir una cultura de la prevención a ambas orillas de una zona geográfica marcada por tensiones y conflictos de diversa índole. También en esa región, hemos puesto en marcha, junto con Argelia, una Estrategia para el Agua en el Mediterráneo Occidental, que tiene como fin desactivar potenciales conflictos en la zona en torno a ese elemento vital.

Asimismo, como fundadores de la Alianza de Civilizaciones, junto a Turquía, consideramos que el diálogo entre culturas y religiones diferentes constituye una base imprescindible para tratar de desactivar tensiones existentes, prevenir las que están latentes y deshacer mitos sobre la visión “del otro” en las narrativas nacionales, étnicas o ideológicas de las distintas sociedades. Esta tarea es importante y acuciante. Para llevarla a cabo, necesitamos herramientas potentes que agrupen distintas sensibilidades con un mismo propósito: evitar los conflictos y trabajar por la paz. El Centro Internacional Rey Abdullah para el Diálogo Interreligioso e Intercultural es otro foro llamado a desempeñar un papel a favor de la concordia, la tolerancia y el diálogo interreligioso. España pondrá todo de su parte para que este Centro despliegue sus grandes potencialidades con esos fines.

Finalmente, otra evidencia de que preservación de la paz y seguridad internacionales requieren de instrumentos inclusivos que contribuyan a prevenir al estallido de los conflictos lo constituye la responsabilidad que todo gobierno tiene de proteger a sus ciudadanos, en la medida que dicha salvaguardia frente a potenciales crímenes en masa supone tomar medidas anticipadas, entre las cuales el desarrollo inclusivo no es la menor de ellas.

Señora Presidenta, España cree que el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales no es una cuestión de naturaleza exclusivamente militar o policial. Si algo nos han enseñado los casi 70 años de vida de esta Organización es que de nada sirve lograr un alto el fuego o congelar un conflicto si no enfrentamos las raíces profundas del mismo. Ello requiere desarrollar políticas preventivas en todos los ámbitos y el desarrollo inclusivo es parte esencial de dichas políticas.

En definitiva, es necesario crear estrategias de desarrollo inclusivo a fin de fortalecer el papel de las Naciones Unidas en el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales. Para ser eficaces, dichas estrategias deben ser amplias y abarcar todos los aspectos de la inclusividad (territorial, nacional, étnica, social, de género, económica y cultural) y requieren del concurso y coordinación entre todos los órganos principales del sistema de Naciones Unidas incluido éste.

Concluyo, pues, felicitando a la Presidencia chilena por asumir el liderazgo e introducir el desarrollo inclusivo como tema de debate en el Consejo de Seguridad. Le felicito y nos felicitamos por la Declaración presidencial a la que hemos contribuido desde nuestra experiencia nacional. Nos corresponde ahora a todos dar continuidad a esta iniciativa. Muchas gracias.