Intervención en el debate abierto del Consejo de Seguridad “Mantenimiento de la Paz y Seguridad Internacionales: Reafirmar el fuerte compromiso con los propósitos y principios de la carta de Naciones Unidas”

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Intervención en el debate abierto del Consejo de Seguridad “Mantenimiento de la Paz y Seguridad Internacionales: Reafirmar el fuerte compromiso con los propósitos y principios de la carta de Naciones Unidas”

Sr. Presidente,

Permítame en primer lugar felicitar efusivamente en su persona a la República Popular China por la organización de este debate abierto de alto nivel. Me uno a quienes han hecho lo propio en las intervenciones precedentes. España suscribe la intervención que más adelante hará la Delegación de la UE en nombre de los Estados Miembros. Estos parabienes son algo más que una formalidad. Acogemos con satisfacción que la presidencia china del Consejo nos brinde a todos – miembros y no miembros de este órgano – la oportunidad de pronunciarnos sobre una cuestión tan esencial que podríamos denominar la almendra de nuestra Organización. Nos convoca a reflexionar juntos sobre la vigencia de los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas a la luz de una experiencia de 70 años que proyecta, como toda obra humana, luces y sombras.

 

Mi segundo reconocimiento quiere ser para la nota de concepto: clara, positiva y valiente. Constituye una guía estimulante para remontar el vuelo abandonando la casuística del quehacer diario y nos permite cobrar la perspectiva imprescindible con el fin de hacer realidad un objetivo común vital e irrenunciable: un mundo seguro y en paz con una prosperidad compartida.

 

Sr. Presidente,

Su invitación no lo es a un ejercicio teórico o académico, lo que sería impropio en este órgano. Se trata de reafirmar el compromiso de cada uno de nosotros con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas con vistas a crear una atmósfera propicia para la conmemoración del 70 aniversario de la Organización que se cumple este año.

 

La interpelación simple y directa de la nota merece una contestación nítida: España está firmemente comprometida con los propósitos y principios de la Carta de San Francisco. Los consideramos tan válidos hoy como en 1945. Los principios son las bases sobre las que se cimienta la acción constante que exige la materialización de los propósitos. Porque los propósitos no son metas que, una vez alcanzadas, quedan superadas. Requieren, por el contrario, un esfuerzo sostenido al que todos estamos llamados a contribuir. Los propósitos son un reto cotidiano.

 

 

 

Sr. Presidente,

Propósitos y principios deben leerse conjuntamente con el Preámbulo de la Carta que, con su catálogo de valores inspiradores de la acción de la Organización, constituye una suerte de “cielo ético”. El trípode que conforman Preámbulo, Propósitos y Principios es un todo indisociable que no sólo no ha envejecido con el paso del tiempo como un daguerrotipo, sino que ha ganado en resolución y vigencia.

 

Los fundadores de Naciones Unidas, con la experiencia en carne propia de los desastres de la guerra, se declararon “resueltos a preservar a las generaciones venideras” de ese flagelo. Trazaron a tal fin un programa, un código de conducta, que exige una reafirmación permanente. El 70º aniversario de la Organización es una ocasión idónea para que todos sus Miembros renovemos los votos proclamados en el Preámbulo de la Carta y expresemos nuestro compromiso con sus propósitos y principios. España anima a revestir de solemnidad esa conmemoración a través de una declaración universal que reafirme la vigencia de ese núcleo esencial de la Carta –preámbulo, propósitos y principios- al que me vengo refiriendo.

 

Aunque los cimientos del edificio de nuestra Organización son sólidos, el terreno sobre el que las Naciones Unidas se asientan hoy en día -el mundo de la segunda década de siglo XXI– poco tiene que ver con aquel que resurgía de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial. Vivimos en un escenario mucho más movedizo, complejo e incierto que el de la última posguerra mundial.

 

El sistema de Naciones Unidas ha evolucionado desde sus orígenes con el fin de responder a los desafíos de un mundo en constante cambio. Nos corresponde también ahora a nosotros, una de esas generaciones venideras a las que se referían los fundadores, actualizar los instrumentos que fortalezcan el arraigo de los valores y propósitos de la Carta en la sociedad internacional contemporánea sobre la base de los principios del artículo 2.

 

Sr. Presidente,

Estos 70 años transcurridos distan de ser un camino ascendente y rectilíneo. Es cierto que la humanidad no se ha visto sometida a una nueva conflagración mundial con el consiguiente riesgo para la supervivencia del planeta. Pero no es menos cierto que los conflictos locales o regionales se han sucedido de manera incesante y aún creciente. Lejos de podernos sentir satisfechos, debemos admitir que con harta frecuencia, mayor de la que desearíamos, la frustración nos acompaña, porque no somos capaces de prevenir conflictos anunciados, porque no siempre acertamos a facilitar o imponer el cese de las hostilidades cuando dos partes enfrentadas recurren a la fuerza armada y porque fallamos a la hora de consolidar treguas frágiles en las que los rescoldos de la violencia reavivan un fuego que acaba por calcinar países y aun regiones enteras.

 

Debemos mejorar nuestro rendimiento en prevención de conflictos. La Organización cuenta con medios nada desdeñables para ser puestos al servicio de la prevención. Asamblea General, Consejo de Seguridad y Secretaría pueden sin lugar a dudas establecer unas pautas de acción combinadas que, respetuosas con los principios de la Carta, sirvan con mayor eficacia al propósito del mantenimiento de la paz.

 

España cree firmemente en la necesidad de robustecer las herramientas de la prevención de conflictos. El fomento del diálogo intercultural e interreligioso a través de la Alianza de Civilizaciones o del Centro Internacional Rey Abdullah para el Diálogo Intercultural e Interreligioso (KAIICID), el desarrollo de mecanismos de mediación, como el que impulsamos junto con Marruecos en el Mediterráneo arropados por países amigos como Eslovenia o Jordania, o la estrategia para el agua en el Mediterráneo Occidental que co-pilotamos junto con Argelia son muestras polifacéticas de nuestra militancia activa en materia de prevención de conflictos y mediación. El denominador común de estas iniciativas es un empeño resuelto por crear cauces y mecanismos eficientes en favor de la cooperación, el entendimiento y la tolerancia y por levantar diques contra el fanatismo y la violencia.

 

Sr. Presidente,

La preservación de la paz debe asentarse en un sistema de relaciones entre Estados y Organizaciones basado en derechos y obligaciones jurídicamente vinculantes, cuyo fin último es el imperio de la ley. No hay paz sin respeto al Derecho. El sistema de Naciones Unidas ha sabido dar cauce gradual a los anhelos y aspiraciones de los componentes de la comunidad internacional, incluidos los Estados más pequeños. Estos anhelos y aspiraciones están siendo progresivamente reflejados en un ordenamiento jurídico que tiende a desarrollarse hacia la consecución de un Estado de Derecho global, en cuya cúspide se sitúa la Carta de las Naciones Unidas (art. 103), con plena vigencia de la igualdad entre los miembros de la Organización (art. 2.1).

 

Esta igualdad dimana del principio de soberanía, cuya legitimidad se apoya, en palabras de Kofi Annan, en una concepción de los Estados como “instrumentos al servicio de sus pueblos, y no viceversa”, y en una interpretación de la soberanía fiel al significado original de la palabra, que evoca un poder “superior”, no absoluto. Desde la adopción de la Declaración Universal de 1948 los miembros de Naciones Unidas hemos avanzado en la integración de los derechos humanos como un elemento esencial que informa y fortalece el ejercicio de la soberanía estatal.

 

La Carta de San Francisco alumbró el Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) y décadas después el Estatuto de Roma dio vida a la Corte Penal Internacional (CPI). Otras buenas noticias en el recorrido de estos siete decenios son las instituciones creadas y los pactos multilaterales suscritos en el ámbito de los derechos humanos y en Derecho internacional humanitario; el aumento gradual de los instrumentos convencionales de desarme, no proliferación y control de armamentos; el desarrollo y la codificación del Derecho Internacional que redunda en el incremento de la seguridad jurídica; y el cerco progresivo a la impunidad por crímenes atroces y masivos de lesa humanidad.

 

Sr. Presidente,

Podemos avanzar aún más. Es necesaria una cierta dosis de utopía para hacer progresar el mundo. Con ese ánimo no queremos dejar de poner de manifiesto que el uso del veto constituye uno de los frenos mayores a una materialización práctica del propósito de mantener la paz y la seguridad internacionales que la Carta atribuye primordialmente a este Consejo. Somos conscientes de que la figura del veto forma parte del “pacto constituyente” que está en el origen de la Carta de San Francisco. Con todo, aferrarse con rigidez a un arreglo que -como la experiencia enseña- bien merece un “aggiornamento” no resuelve el problema de fondo: la falta de legitimidad de los vetos a proyectos de resolución que buscan poner remedio a matanzas a gran escala y abrir espacios a soluciones de paz justas y duraderas. Desde esa convicción secundamos la iniciativa francesa de un código de conducta por el que los cinco miembros permanentes del Consejo se comprometerían a no usar el veto en los casos en que esté comprobada la comisión de crímenes atroces masivos. Consideramos esa propuesta, que cuenta con la ventaja de no necesitar la reforma de la Carta, una aproximación sustantiva al objetivo de eliminar un privilegio cuyo abuso hace daño al sistema y debilita la autoridad de quien lo ejerce.

 

Sr. Presidente,

Concluyo. 2015 puede y debe convertirse en un año histórico en la vida de la Organización: la nueva agenda del desarrollo, la Conferencia del Clima y la revisión de las operaciones de paz son citas que exigen responsabilidad y coraje.

 

En este contexto, la aprobación de una declaración universal que renueve el compromiso de sus miembros con los valores, propósitos y principios de la Carta de San Francisco con ocasión del septuagésimo aniversario de su entrada en vigor obrará como un soplo de energía sobre un cuerpo que ha sufrido un cierto desgaste y necesita volver a beber de las fuentes a las que debe su razón de ser.

 

De nuestra voluntad y acierto depende que el siglo XXI sea mejor para la humanidad de lo que fue el siglo XX. Queremos –necesitamos- construir, a partir de los sólidos fundamentos de la Carta, un futuro con más democracia y mayor protección de los derechos humanos al amparo de un ordenamiento jurídico internacional más acabado y eficiente. Se trata de una tarea ardua y apasionante que les debemos a nuestros hijos y a las generaciones venideras. Para ello pueden contar con España.

By | 2017-01-07T17:03:47+00:00 febrero 24th, 2015|Discursos, España en la ONU|Comentarios desactivados en Intervención en el debate abierto del Consejo de Seguridad “Mantenimiento de la Paz y Seguridad Internacionales: Reafirmar el fuerte compromiso con los propósitos y principios de la carta de Naciones Unidas”

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