Sr. Presidente,

Excelencias,

Hay un célebre grabado de Goya que lleva por título: “el sueño de la razón produce monstruos”. Goya nos enseñó que cuando la razón deserta, cuando, literalmente, se echa a dormir, el terreno queda libre para que campen a sus anchas los peores demonios de nuestra naturaleza. Hace setenta años, la humanidad despertó no de un sueño, sino de una pesadilla. El ejercicio desaforado del poder, sin el freno de la ley y la templanza de la razón, había producido los monstruos de la Segunda Guerra Mundial y la Shoah.

La ley es la razón de los Estados. Me refiero a la ley que es expresada a través de los cauces formales de un Estado democrático y de derecho, por los legítimos representantes de la soberanía nacional. Cuando esos cauces son desbordados, cuando la razón de la ley es arrumbada, los monstruos de Goya están siempre al acecho.

Hace setenta años, la humanidad, representada por las naciones unidas en San Francisco, aprendió la lección. Los fundadores de las Naciones Unidas llegaron a la conclusión de que, al igual que los Estados tienen una Constitución que rige las normas de convivencia entre sus ciudadanos, era necesario que la comunidad internacional se dotara de su propia ley suprema, de su Carta Magna.

La Carta de San Francisco es la Constitución de la Humanidad. Su preámbulo, propósitos y principios son los pilares sobre los que se sustenta el edificio que a todos nos cobija. Entre ellos, el respeto a la soberanía y la integridad territorial de los Estados son esenciales para asegurar el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales. Si esos pilares son debilitados, ignorados o sustituidos por una voluntad que se cree por encima de la ley, el edificio, literalmente, se nos derrumba, nos quedamos a la intemperie.

“Una ONU fuerte. Un mundo mejor”, este es el lema bajo el que estamos conmemorando el setenta aniversario de las Naciones Unidas. Habrá quienes nieguen la mayor. Para ellos, la ONU es una organización débil, incapaz de responder a los retos y amenazas de nuestro tiempo. Yo creo que eso no es verdad.

Claro que hay motivos para la esperanza. El acuerdo nuclear con Irán, el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, o la perspectiva de un próximo acuerdo de paz en Colombia, demuestran que situaciones enquistadas durante demasiado tiempo son susceptibles de solución y España se felicita por ello.

Ahora hay que dar un paso más allá. Se trata de que tanto Irán como Cuba, países orgullosos, con una personalidad muy definida, que cuentan con poblaciones altamente cualificadas, se conviertan en catalizadores de cambio y contribuyan a la estabilidad y el progreso de sus respectivas regiones.

Y si es posible el acuerdo en situaciones que muchos consideraban irresolubles, como Ministro de Exteriores del Reino de España, no puedo dejar de mencionar el contencioso de Gibraltar, la última colonia en territorio europeo. Deseamos reiniciar con el Reino Unido un diálogo bilateral sobre la descolonización de Gibraltar basado en los parámetros ya sentados por las Naciones Unidas y en la Declaración de Bruselas de 1984.

En otro orden de cosas, mi país espera que el Reino Unido responda a la propuesta española sobre el establecimiento de un nuevo mecanismo de cooperación local en aras del bienestar social y el desarrollo económico de la región, en el que participen las autoridades locales gibraltareñas competentes y las autoridades españolas locales y regionales competentes.

Las luces predominan sobre las sombras también en otros ámbitos. Pienso en el reto del cambio climático y en sus efectos negativos sobre el medio ambiente y sobre la misma supervivencia de comunidades especialmente vulnerables. Es cierto que el tiempo acucia, pero también lo es que hay fundadas esperanzas para que en la Cumbre de París del próximo mes de diciembre alcancemos resultados que nos permitan detener el proceso de deterioro de nuestra casa común y revertirlo decisivamente.

Es necesario para ello, dotarnos de un modelo de crecimiento sostenible, equitativo y que a nadie deje atrás. De nuevo, aquí, las esperanzas comienzan a transformarse en realidad, gracias a la reciente adopción de la Agenda 2030 para los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Su Majestad Felipe VI estuvo presente en la Cumbre donde se adoptó dicha Agenda, y reiteró el compromiso de nuestro país con su cumplimiento. Un compromiso ya traducido en hechos, con la creación del Fondo Objetivos de Desarrollo Sostenible, financiado inicialmente por España, pero abierto a todos los Estados y al sector privado.

Sr. Presidente,

Me cuento entre quienes creen que el siglo XXI será el siglo de la mujer. Pero sólo será así si ponemos de nuestra parte porque, como dice la presidenta de Chile, Michele Bachelet, “la igualdad, por sí misma, no se da”. Por ello, España lleva tiempo impulsando la participación y el liderazgo de las mujeres en todas las dimensiones de la vida colectiva. Y para ello, nuestro Plan Estratégico para la Igualdad de Oportunidades 2014-2016, está dotado con 3.100 millones de euros.

Vamos a llevar nuestra apuesta nacional por la igualdad a nuestra presidencia del Consejo de Seguridad. Durante la misma, tendrá lugar el 13 de octubre un Debate Abierto de Alto Nivel de la Resolución 1325 sobre mujer, paz y seguridad, que será presidido por el Presidente del Gobierno español. Les invito a participar al más alto nivel porque la ocasión lo merece.

La principal amenaza para el modelo de sociedad justa, próspera, equitativa y abierta que nos esforzamos por construir y para la misma paz y seguridad de la comunidad internacional es el terrorismo.

España ha sido golpeada con dureza por el terrorismo interno y por el terrorismo internacional.

En 1960, hace hoy 55 años, murió como consecuencia de la explosión de una bomba colocada en una estación de ferrocarril por la banda terrorista ETA, una niña de 22 meses, Begoña Urroz. Desde entonces 850 seres humanos, hombres, mujeres y niños perdieron la vida como consecuencia de la locura terrorista.

Todo terrorismo nace del odio y del desprecio a la vida, y es un crimen contra la humanidad. Partimos de esta premisa. Pero también es cierto que el mal se manifiesta en distintas formas dependiendo de las circunstancias y de los tiempos históricos. En el que nos toca vivir, el terrorismo yihadista es su forma más insidiosa y letal. España lo sufrió el 11 de marzo de 2004. 190 personas de varias nacionalidades, mayoritariamente trabajadores, fueron asesinadas y más de 1800 personas resultaron heridas.

En el caso de Daesh, nos encontramos con un movimiento terrorista que ha conseguido controlar una base territorial desde la que pretende atacar y destruir nuestro modelo de civilización. Porque todos somos objetivo, tenemos que hacer un frente común contra Daesh. Con los terroristas no se negocia. Se les derrota. Sólo con la ley pero con toda la ley. Por eso, España no dudó en formar parte desde el primer momento en la coalición internacional que lucha contra Daesh en Irak, al lado del gobierno y del pueblo iraquí.

Pero intervención militar no es suficiente. Es necesario también combatir la radicalización que conduce a parte de la juventud a alimentar sus filas. España pone a disposición de esta lucha común nuestra propia experiencia e iniciativas multilaterales como la Alianza de Civilizaciones, el KAICIID o la Unión por el Mediterráneo.

Por propia experiencia sabemos que recuperar y mantener viva la memoria de las víctimas es vital para que el horror no vuelva a repetirse. En demasiadas ocasiones hemos visto que las víctimas han sido presentadas como culpables y merecedoras, por tanto, de su sacrificio. Si me permiten un desahogo personal, me gustaría recordar que hasta 1997, el año en que fue asesinado Miguel Ángel Blanco, teníamos que enterrar a nuestros muertos prácticamente en clandestinidad. Para que la voz de las víctimas llegue a todos los rincones del mundo, el 21 de octubre les abriremos el Consejo de Seguridad, por memoria, dignidad y justicia.

Con el mismo propósito de unir fuerzas para luchar contra la radicalización y el extremismo, el Club de Madrid ha invitado a cerca de 100 ex jefes de Estado y de Gobierno los próximos 27 y 28 de octubre. Su experiencia nos será extraordinariamente útil.

Permítame ahora hacer una referencia a la lucha contra la impunidad. España y Rumanía han decidido proponer el establecimiento de una Corte Penal contra el Terrorismo. Creemos necesario que las Naciones Unidas valoren esta propuesta en todo su alcance.

Se trata de un mecanismo jurisdiccional internacional para combatir los crímenes del terrorismo internacional con las herramientas del derecho internacional. Una Corte que complementaría la actuación de la Corte Penal Internacional e intervendría cuando un Estado no esté en situación de enjuiciar.

Sr. Presidente.

Los conflictos en regiones como Oriente Medio o en partes de África están en el origen de la más grave crisis migratoria vivida en Europa desde la Segunda Gran Guerra. Las imágenes de esta inmensa tragedia conmueven nuestro corazón justamente, pero es nuestra razón la que ha de ofrecer soluciones. Lo urgente, por supuesto, es la respuesta humanitaria: salvar vidas, acoger, sanar, alimentar. Pero lo importante es diseñar una política de asilo e integración integral que deslinde los conceptos de asilo y de migración económica y que tenga en cuenta los derechos y la dignidad de las personas que arriesgan su vida para encontrar un futuro mejor para ellos y sus hijos.

Creo que ha llegado la hora de empezar a pensar en un Pacto Global, auspiciado por Naciones Unidas, en el que participen los países de origen, los de tránsito y los de acogida. La migración es un desafío global que sólo entre todos podremos resolver.

Antes he dicho que en el origen de la actual crisis migratoria están conflictos enquistados y, en muchos casos, agravados por la falta de respuesta de la comunidad internacional y por la brutalidad de las partes. El caso paradigmático es Siria. Cuatro años y medio de conflicto; 250.000 vidas perdidas, doce millones de personas con necesidad imperiosa de asistencia humanitaria; 7,6 millones de desplazados internos; cuatro millones de refugiados en los países vecinos….las cifras nos llevan interpelando demasiado tiempo.

La solución al conflicto sirio es urgente. Tenemos que trabajar en dos frentes. En primer lugar, dar una respuesta humanitaria inmediata para aliviar el sufrimiento del pueblo sirio. En segundo lugar, apoyar el proceso político inclusivo presentado por el Enviado Especial del Secretario General, Staffan de Mistura.

Similar urgencia presenta el conflicto en Libia. Apoyamos la labor del Enviado Especial del Secretario General, Bernardino de León, y seguimos aguardando, ya con impaciencia, un acuerdo para la formación de un gobierno de unidad nacional. Apelamos al coraje y a la altura de miras de todas las partes para superar la fractura de un país dividido en dos, en cuyo horizonte ondea ya la bandera negra de Daesh, apenas a unos kilómetros de Europa. Permítame subrayar desde ahora que la partición de Libia sería la peor de las soluciones imaginables.

Y, por supuesto, en Oriente Medio seguimos apostando por un acuerdo entre israelíes y palestinos que pase por la solución de dos Estados, con fronteras mutuamente acordadas. Debemos revitalizar el proceso de paz. España, siempre, está dispuesta a acompañar a las partes para que retornen a la senda de las negociaciones directas.

En África, la situación en Mali, en la República centroafricana y en otros lugares, nos preocupa. Pero en el continente no todo son sombras, predominan las luces. La respuesta a la epidemia del Ébola y los planes de reconstrucción y desarrollo presentados por los países afectados por la misma nos mueven a la esperanza. España es, sin duda, muy optimista en relación con el futuro de Africa.

En Europa, la principal sombra, pero con incipientes luces, sigue siendo la crisis en Ucrania, donde es imprescindible aplicar los acuerdos de Minsk y seguir construyendo un clima de confianza que ponga fin a un conflicto propio de otros tiempos. Animamos a las partes a que continúen por esa vía.

Sr. Presidente,

Estoy convencido, en fin, de que hoy las Naciones Unidas somos más fuertes en un mundo que, si bien todavía lejos de la perfección, es mejor que el de hace setenta años. Para seguir avanzando en ese camino de perfección, es crucial el respeto a los valores, propósitos y principios de la Carta, incluyendo el de integridad territorial. Su ruptura, como nos enseña la historia, es uno de los resquicios preferidos por los monstruos de Goya para asomar la cabeza. Para evitarlo, es necesario que la razón de la ley y la ley de la razón permanezcan siempre alertas. Dentro de sus cauces, siempre es posible el diálogo, la conciliación y la convivencia. Fuera de ellos, nos quedamos a la intemperie.

Muchas gracias.