Intervención del SEAEX, Ignacio Ybáñez, en Debate Abierto del Consejo de Seguridad

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Intervención del SEAEX, Ignacio Ybáñez, en Debate Abierto del Consejo de Seguridad

“El respeto a los principios y propósitos de la Carta de Naciones Unidas como elemento fundamental para el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales”

 

Señora Presidenta, señoras y señores:

Quisiera en primer lugar adherirme a la declaración que hará más adelante el representante de la Unión Europea.

Agradezco a la presidencia venezolana la convocatoria de este debate. El tema escogido es de plena actualidad e importancia. En febrero de 2015, a iniciativa de la Presidencia china, nos reunimos para reflexionar a este respecto: la importancia de los propósitos y principios de la Carta en el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales.

 

Tuve entonces la ocasión de referirme a algunas consideraciones que ahora sólo enumeraré, en aras de un uso eficiente de nuestro tiempo:

 

  • La plena vigencia de los propósitos y principios de la Carta, 70 años después de su redacción.

 

  • La importancia del Preámbulo de la Carta, cuyos valores completan el tríptico que guía la actuación de la Organización y sus Estados miembros

 

  • El compromiso firme e inequívoco de mi país con todos ellos, reflejado en la iniciativa promovida por España de una Declaración conmemorativa del 70º aniversario de la Organización, aprobada por consenso en la Asamblea General, por la que todos sus miembros renovamos nuestra adhesión a la Carta en su conjunto y, muy en particular, a su núcleo esencial conformado por los valores, propósitos y principios en ella contenidos ;

 

  • La constatación de que los conflictos locales o regionales continúan sucediéndose a un ritmo creciente; y de que el desempeño de la Organización en materia de mantenimiento de la paz y seguridad internacionales no es todo lo satisfactorio que desearíamos.

 

  • Y, en relación con lo anterior, la necesidad urgente

 

  • de continuar trabajando en los instrumentos que garantizan la aplicación efectiva de los valores, propósitos y principios de la Carta;

 

  • y de adaptarlos al contexto internacional actual, mucho más complejo y cambiante que el de la segunda posguerra mundial.

 

Como dijo hace un año el representante de la Unión Africana, cito, “the question today is how to ensure that we fill the gap between the principles set forth and the results we achieve each time that action is taken”. Estoy plenamente de acuerdo. Tenemos que anclar el debate en el terreno de lo práctico para que resulte productivo.

 

En efecto, ni hace un año ni hoy hemos escuchado voces disonantes que discutan la vigencia de los propósitos y principios de la Carta. Apreciamos matices en los acentos con que cada Estado miembro proclama su adhesión a los mismos, en función de su historia o su perfil internacional, pero no refutaciones a su validez.

 

Sin embargo, cuando hablamos de cómo traducirlos al lenguaje de nuestra actuación surgen diferencias, unas de matiz, otras más sustantivas. Debates como el de hoy deben servirnos para identificar esas discrepancias y para tratar de ir ampliando y fortaleciendo el consenso respecto a la aplicación práctica de los valores, los propósitos y principios de la Carta.

 

Con esta finalidad, comparto algunas reflexiones.

 

  • La Carta de San Francisco es la norma básica que rige la convivencia en la comunidad internacional. Entre sus propósitos y principios, como nos recuerda la nota de concepto, son esenciales el respeto a la soberanía y la integridad territorial de los Estados, salvaguardias esenciales de la paz y la estabilidad cuya violación tiene como resultado inevitable el caos, la violencia y la vuelta a un estado de naturaleza propio de épocas pretéritas.

 

  • La paz y la seguridad internacionales son indisociables del respeto a los derechos humanos. Son las dos caras de la misma moneda, y tal vez por ello son los dos primeros objetivos que se marcan los firmantes de la Carta: preservar a las naciones venideras del flagelo de la guerra y reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre y en la dignidad y valor de la persona humana. Cada vez es más evidente la relación estrecha entre estos dos pilares de la Organización, y de cada uno de ellos con el tercero, el desarrollo.

 

  • España está convencida de la necesidad de desarrollar todos los instrumentos capaces de potenciar las sinergias entre ellos. Iniciativas como Human Rights Up Front, que pone de relieve la relación entre violaciones de derechos humanos y el riesgo de conflictos, responden a esa realidad y merecen todo nuestro apoyo.

 

  • Asimismo, las cuestiones de derechos humanos deben tener el debido peso en la agenda del CS, que deberá consagrarles una atención creciente. Durante nuestra presidencia de octubre tratamos de dar la máxima relevancia y visibilidad a la revisión de alto nivel de la resolución 1325; creemos que el alto nivel de participación y de compromiso de quienes se involucraron en el ejercicio explican en buena parte el resultado satisfactorio obtenido en una agenda – la de Mujeres, Paz y Seguridad -esencial para el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales.

 

  • Es imprescindible trabajar en el desarrollo del Derecho Internacional de manera que todos los sujetos de la sociedad internacional, Estados y Organizaciones, estemos sometidos al imperio de una legalidad que repose en el principio de inviolabilidad de los derechos humanos fundamentales. Debemos asimismo trabajar en el perfeccionamiento de la arquitectura jurisdiccional internacional a la que corresponde aplicar el ordenamiento jurídico que a todos, Estados, Organizaciones e individuos, nos debe amparar y cuyo vértice son los valores, propósitos y principios de la Carta de Naciones Unidas.

 

  • Los propósitos y principios deben llevarse a la práctica en un contexto internacional determinado, que en 2016 no es el de 1945. Una de las transformaciones ocurridas desde entonces tiene que ver con la diferente naturaleza de los conflictos. Hace unas décadas las amenazas a la soberanía nacional procedían principalmente del exterior. Ahora son en su mayoría internas y tienen su origen en postulados étnicos e identitarios que anteponen supuestos derechos colectivos al respeto a la legalidad democrática y a los derechos y libertades individuales; en la barbarie terrorista; en la acción violenta de actores no estatales; o en la delincuencia organizada transnacional.

 

  • La articulación práctica de la defensa de la soberanía estatal pasa por reconocer y por responder con nuestra actuación amparada en la legalidad a estas nuevas realidades.

 

  • Una vía es el refuerzo de la dimensión preventiva de la Organización, que debe dedicar más atención a las crisis emergentes y más esfuerzos a los factores de riesgo y las causas profundas de los conflictos, tal y como propusieron el año pasado los paneles creados para evaluar y revisar las Operaciones de Paz, la Arquitectura para la Paz y la agenda Mujeres, Paz y Seguridad.

 

El plan del Secretario General para la lucha contra el extremismo violento, al que damos la bienvenida, es un ejemplo a seguir, en la medida en que aborda un desafío complejo con un enfoque multidimensional que sitúa la prevención en el centro de la propuesta. El Plan apunta al refuerzo de los liderazgos inclusivos, al buen gobierno, a las instituciones representativas, a la participación política, a la educación de calidad, al trabajo  digno -sobre todo para los jóvenes-  y al respeto a los derechos humanos como elementos esenciales de la estrategia de prevención del extremismo violento

 

España otorga una enorme importancia a las iniciativas de diplomacia preventiva, también desde el punto de vista nacional.

 

  • Actualmente estamos trabajando en la organización de una Conferencia sobre Diplomacia Preventiva en el Norte de África y Oriente Medio, que abordará desde una perspectiva regional el papel de la gobernanza democrática, la sociedad civil o la participación de las mujeres en la prevención de conflictos en el Mediterráneo.

 

  • En ocasiones la incapacidad o falta de voluntad de los gobiernos para garantizar el Estado de Derecho y el respeto a los derechos humanos crea el caldo de cultivo propicio para el desencadenamiento de conflictos y crisis humanitarias como las que afectan hoy a millones de hombres, mujeres y niños en Siria, Yemen, Darfur, Sudán y Sudán del Sur, Burundi y tantos otros  lugares del planeta. Sus consecuencias se hacen sentir también en los países vecinos. Debemos ser muy claros al respecto. La soberanía entraña responsabilidades, como la de proteger a la población del riesgo de ser víctimas de atrocidades masivas.

 

  • Cuando los Estados no ejercen esas responsabilidades existe un riesgo innegable para la paz.

 

  • En el contexto de la discusión de hoy, el concepto de responsabilidad de proteger tiene una relevancia indudable, tanto en lo que se refiere a la dimensión preventiva como en lo relativo a la actuación de la comunidad internacional, siempre dentro del respeto a la Carta de Naciones Unidas, cuando los Estados no son capaces de ejercer sus responsabilidades. Partiendo del mandato contenido en el Documento Final de la Cumbre de 2005, España está convencida de la necesidad de continuar avanzando y fortaleciendo el consenso en lo que se refiere a la articulación práctica de la responsabilidad de proteger. Para contribuir a este progreso:

 

  • En junio del año pasado Chile y España organizamos en Madrid la V reunión de la Red de Puntos Focales para la Responsabilidad de Proteger, en torno a los nuevos desafíos y las amenazas que afectan a las comunidades vulnerables.

 

  • En diciembre convocamos con Chile una reunión abierta sobre la relación entre la Responsabilidad de Proteger y los actores no estatales, la primera de este CS sobre el asunto.

 

  • Tanto en los supuestos de Responsabilidad de Proteger como en otros escenarios que impliquen una amenaza o una quiebra de la paz y la seguridad internacionales, la Carta recoge un abanico de actuaciones de diferente naturaleza:

 

  • desde los medios pacíficos de resolución de controversias – a los que tanto ha contribuido la labor del Tribunal Internacional de Justicia – hasta la mediación;

 

  • desde la cooperación con Organizaciones Regionales – que desempeñan un papel clave en la seguridad colectiva y son esenciales para abordar con mayor eficacia y legitimidad un número creciente de conflictos – hasta la adopción de medidas coercitivas.

 

Todas son coherentes con los principios y valores que informan la Carta y todas pueden contribuir a su consecución

 

  • Menos coherente con esos principios nos parece la inacción, especialmente el seno de este Consejo, que tiene la responsabilidad primordial en el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales. En demasiadas ocasiones ha sido incapaz de desempeñar su responsabilidad porque uno de sus miembros permanentes utiliza el veto o amenaza con hacerlo. A veces la simple amenaza del veto desincentiva la búsqueda de soluciones y contribuye al estancamiento de los conflictos. Esta parálisis prolonga el sufrimiento de poblaciones inocentes y merma la credibilidad del multilateralismo como vía para abordar los retos de la seguridad internacional.

 

  • España anima a todos los miembros permanentes del CS a comprometerse voluntaria y colectivamente, a no utilizar el veto si existe  constancia de que se está produciendo un crimen atroz.

 

  • En tanto que miembro no permanente, y potencial candidato en el futuro, España ha suscrito el Código de Conducta impulsado por Liechtenstein que quiere comprometer a todos los miembros, permanentes o no, a no votar contra un proyecto de resolución creíble que proponga una actuación oportuna y decisiva del Consejo de Seguridad para poner fin o evitar la comisión de actos de genocidio, crímenes de lesa humanidad o crímenes de guerra.

 

Concluyo, Sra. Presidenta, apelando a un esfuerzo colectivo para continuar construyendo sobre lo que nos une– la vigencia de los valores, propósitos y principios de la Carta como guía imprescindible de la actuación de los Estados, fuera y dentro de sus fronteras-  y reiterando el compromiso y la disposición de mi país para trabajar con todos los miembros de la Organización en la defensa de los mismos.

 

2017-01-07T17:03:38+00:00 15/02/2016|Categories: Consejo de Seguridad, Discursos, Sin categorizar|