Intervención del SEAEX Ignacio Ybáñez en el debate del CSNU sobre la Región de los Grandes Lagos

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Intervención del SEAEX Ignacio Ybáñez en el debate del CSNU sobre la Región de los Grandes Lagos

Quisiera comenzar mi intervención agradeciendo a Angola la organización de este debate abierto, de la máxima importancia y actualidad. Extiendo este agradecimiento al Secretario General de Naciones Unidas, al Comisario de Paz y Seguridad de la Unión Africana, al Enviado Especial del Secretario General y al representante del Banco Mundial.

Un conocido refrán africano afirma que cuando dos elefantes luchan, es la hierba la que sufre. La región de los Grandes Lagos sigue padeciendo algunos de los peores conflictos que asolan al continente africano. La región no termina de encontrar su camino hacia la paz, la estabilidad y la prosperidad. Y es la población la que padece las consecuencias.

En las últimas décadas, la transformación estructural de los Grandes Lagos ha sido espectacular. Si en los años noventa asistíamos a un brutal genocidio en Ruanda; y poco después, a una cruel guerra en la RDC, en 2013 asistíamos a la firma de los acuerdos del Marco de Paz, Seguridad y Cooperación para RDC. La distancia entre ambos hechos es enorme.

Pero esta transformación no basta. O, dicho, de otro modo: no ha sido completada. La región no ha logrado aún pasar la página del conflicto. Su constante amenaza nos fuerza a mirar más allá, a tratar de comprender qué fuerzas profundas mantienen a la región sufriendo todavía la inestabilidad y la violencia a pesar de los avances también destacables en la estabilización y el crecimiento en algunos países como Ruanda y diversas regiones de la RDC.

En este contexto, quiero referirme a tres desafíos que consideramos prioritarios: la gobernabilidad democrática, el desarrollo inclusivo, y la cooperación regional.

El primer factor es la Gobernabilidad democrática. Toda sociedad pacífica, estable y próspera se rige por un contrato social que subordina a los gobernantes al cumplimiento de unas responsabilidades y la provisión de unos servicios al conjunto de la población civil. El mandato democrático es el mejor instrumento que conocemos para asegurar estos objetivos. Es la expresión de un Derecho Fundamental: el derecho a la participación política, que convierte a la ciudadanía en protagonista de su propio destino. La ausencia de gobernabilidad acarrea un vacío de responsabilidades y la imposibilidad de prestar servicios adecuados a la población; la falta de democracia conlleva la negación de los derechos de las personas.

En los Grandes Lagos nos encontramos con un serio problema de falta de gobernabilidad democrática. Algunos países han progresado en la provisión de servicios a su población, pero en varios de ellos las elecciones no terminan de convertirse en un instrumento de desarrollo democrático e inclusión social. La participación política es un instrumento esencial de empoderamiento de la ciudadanía. Hoy en día, es esencial asegurar que esta incluya a las mujeres, tradicionales excluidas 2 en muchas sociedades y posiblemente la mayor fuerza de cambio del mundo. Inclusión y respeto a los procedimientos legales son condiciones para garantizar que los procesos electorales contribuyan a la paz, la estabilidad y la prosperidad.

Las Constituciones y el conjunto del ordenamiento jurídico constituyen marcos de convivencia que no pueden desbordarse por nadie, pues todos los ciudadanos son iguales ante la ley, y los gobernantes deben liderar mediante el ejemplo. Es esencial el respeto de las disposiciones sobre limitaciones de mandatos presidenciales, pues la alternancia en el poder es una de las mayores garantías de paz y estabilidad. El caso más preocupante en estos momentos es el de Burundi, al que quiero referirme con mayor detenimiento.

Hace más de un año, Burundi parecía cerca de poder consagrarse como un ejemplo de éxito en los Grandes Lagos. Parecía un país capaz de pasar la página de la violencia y la inestabilidad, y de comenzar a escribir una historia de desarrollo y prosperidad. En abril del año pasado, esta ilusión empezó a desmoronarse. Desde entonces, el número de muertos no ha dejado de crecer, y hay en torno a 245.000 refugiados burundeses que se han visto forzados a abandonar el país. Esta situación puede y debe acabar, sin mayor dilación. España respeta el papel de los países africanos como los primeros responsables e interesados en la prosperidad y estabilidad de su continente, y considera que, tal como han subrayado los presidentes de África en la cumbre de la Unión Africana de enero pasado, es urgente celebrar un diálogo político inclusivo y sin condiciones; un diálogo que, respetando plenamente el Acuerdo de Arusha y la Constitución de Burundi, permita a las partes alcanzar un acuerdo amplio y generoso sobre el futuro que desean para el pueblo burundés.

El segundo desafío fundamental es el de lograr un desarrollo económico y social inclusivo, que beneficie al conjunto de la ciudadanía de los países de la región. Este desafío es, además, una obligación inexcusable, pues no podemos seguir justificando que decenas de millones de personas vivan en la pobreza, que millones de jóvenes padezcan un horizonte marcado por la desesperanza y la falta de oportunidades, que millones de mujeres sufran ataques contra su vida y su integridad, y vivan excluidas de la participación económica y social, en una región que es extraordinariamente rica.

Pongamos por caso la República Democrática del Congo. El país cuenta con ingentes recursos de todo tipo: valiosos depósitos de minerales, un suelo fértil, y recursos hídricos sobrados en un mundo en el que el agua y la energía son dos de los bienes más preciados. Con el apoyo de la Comunidad Internacional, RDC puede y debe avanzar en la lucha contra la explotación ilegal de sus recursos, especialmente en el Este. Es necesario pasar de los grupos armados a la generación de ingresos tributarios, de la violencia y la corrupción a la construcción de escuelas, hospitales y trabajos dignos para los jóvenes.

La cuestión ahora es cómo desbloquear las energías que impiden aún alcanzar este merecido futuro. En parte, esta pregunta ya ha sido respondida: a través de la gobernabilidad democrática. Es necesario que la fuerza institucional del Estado alcance aquellas áreas que, hoy por hoy, siguen estando fuera del control de la ley. Allí donde falta el Estado, allí donde no se respeta la ley, las violaciones de los Derechos Humanos y la explotación ilegal de los recursos naturales van de la mano. Es preciso que el Estado vuelva a esas regiones, o aparezca por primera vez allá donde nunca pudo estar.

También es necesario garantizar un proceso electoral justo e inclusivo, y ajustado a los parámetros constitucionales. Nuestros ojos están puestos en la próxima cita electoral en el país. Su celebración será la mejor vara de medir la madurez del pueblo y las instituciones de RDC. Confiamos en ello.

El tercer desafío fundamental para la región de los Grandes Lagos es el de lograr una cooperación regional eficaz, capaz de asegurar que los países de la región unen sus fuerzas por un futuro mejor y comparten los dividendos de la prosperidad. El Marco de Paz, Seguridad y Cooperación para RDC y la región es el referente fundamental de todos los esfuerzos, y sus disposiciones deben ser plenamente cumplidas por todos sus signatarios. En particular, es esencial que ningún país tolere ni dé asistencia de ningún tipo a ningún grupo armado.

Quiero aquí referirme en particular al reciente acuerdo de reanudación de la cooperación militar entre MONUSCO y las FARDC, que constituye un excelente desarrollo y ahora confiamos empiece a producir sus frutos. Es preciso reconocer el papel esencial desempeñado por MONUSCO en el acompañamiento a la sociedad congoleña para el logro de los objetivos a que antes me refería.

En relación con la repatriación de los ex- M23, coincidimos con el SG en animar a los países de la región a avanzar con decisión, en cumplimiento de las Declaraciones de Nairobi. Finalmente, quiero trasladar mi preocupación por las informaciones sobre reclutamiento, entrenamiento e infiltración de grupos rebeldes burundeses en países vecinos para llevar a cabo ataques contra Burundi.

Como he dicho antes, la situación en Burundi es de enorme gravedad, y la labor de los países de la región es esencial para encontrar una salida pacífica a la crisis. En el pasado, los episodios de violencia masiva en los Grandes Lagos han estado estrechamente interconectados, y no hay motivos para pensar que hoy en día la dinámica haya cambiado.

Por motivos humanitarios, pero también por interés propio, todos los países de la región deben invertir todos los esfuerzos posibles para poner a fin este conflicto, que actúa como una grave sombra sobre el presente y el futuro de la región. La voz de la 4 Unión Africana, su autoridad moral y su capacidad de preservar la paz en el continente, es aquí de enorme importancia. Debe hacerse oír con claridad y firmeza.

Excelencias,

Comenzaba mis palabras con un proverbio africano y quiero concluirlas con otro proverbio. “Para cruzar un puente, primero hay que llegar hasta él”. Tras unas décadas cargadas de incertidumbre, la región de los Grandes Lagos ya ha llegado hasta su puente, y reúne todas las condiciones para cruzarlo, dejando atrás, de una vez por todas, un pasado de violencia e inestabilidad.

El apoyo de la Comunidad Internacional puede ser de gran ayuda, pero, en última instancia, los países de la región son los dueños de su propio destino. El reto es tan ingente que no admite dudas ni titubeos, y requiere toda su energía y su compromiso. El presente es enormemente complejo. Pero el futuro –ese porvenir de paz y estabilidad que anhelamos para la región- está al alcance de la mano. Sigamos adelante.

2017-01-07T17:03:21+00:00 22/03/2016|Categories: Consejo de Seguridad, Discursos, España en la ONU|