COOPERACIÓN ENTRE NACIONES UNIDAS Y LA ORGANIZACION DE LA CONFERENCIA ISLAMICA

17.11.2016

  • Introducción

 

Quiero agradecerle, Sr. Ministro, la organización de esta sesión.

 

La OCI es un actor de especial relevancia a la hora de contribuir a los esfuerzos de NNUU y de este Consejo de Seguridad para mantener la paz y la seguridad en el mundo, por numerosas razones, de las que hoy destacaré dos:

 

En primer lugar, como ha sido señalado, un gran número de países de los que se hallan en la primera línea de combate contra el terrorismo, o que están envueltos en algún tipo de conflicto armado, son mayoritariamente musulmanes. El terrorismo no tiene relación con ninguna religión o creencia, pero ataca a menudo a sociedades islámicas, por lo que la OCI, desgraciadamente, tiene una responsabilidad ineludible, derivada de su propia capacidad de actuación.

 

Pero también, y ésta es la segunda razón, la OCI tiene precisamente el poder de ejercer una influencia notable en las sociedades amenazadas. Y ese poder es especialmente valioso, porque nunca se ha derrotado a una ideología simplemente con un código penal o por la fuerza de las armas.

 

No debemos caer en el reduccionismo de pensar que el efecto benéfico de las autoridades islámicas se limita a combatir el terrorismo u otro tipo de desafíos, como el crimen trasnacional o incluso los conflictos armados. Pero en el marco estricto del Consejo de Seguridad es obligado ceñirse a ese tipo de amenazas a la paz y la seguridad. Y ahí la OCI tiene mucho que aportar.

 

Las fórmulas para cooperar con NNUU tienen un indiscutible valor añadido, sean aquéllas de efectos preventivos, o de reacción a corto, medio o largo plazo:

 

  • Medidas preventivas:

 

Aquí ocupa un lugar preeminente el Plan de Acción del Secretario General para Prevenir el Extremismo Violento. La Asamblea General, en su revisión de la Estrategia Global de NNUU Contra Terrorismo aprobada el pasado junio, dirige a los órganos de NNUU para que pongan en marcha las recomendaciones del Secretario General. El papel de la OCI aquí, puede ser triple: apoyar a dichos órganos en el ejercicio de su labor, incluyendo lo relativo a construcción de capacidades, formación y transmisión del conocimiento e intercambio de buenas prácticas; intervenir ante sus estados miembros para favorecer el desarrollo de las propuestas en el ámbito regional y nacional, incluida la elaboración de planes nacionales de acción; y por último, contribuir a dar difusión a las ideas y el espíritu del Plan en las sociedades de sus Estados miembros.

 

Quiero referirme, de forma más concreta, a las mujeres en general, y a las jóvenes en particular, que pueden y deben desempeñar un papel crucial en la prevención del extremismo violento. CTED y ONU Mujeres estén desarrollando un meritorio trabajo conjunto para integrar mejor la perspectiva de género en la lucha contra el extremismo violento y el terrorismo.

 

Quiero destacar también el papel que la Organización puede desarrollar, en colaboración con NNUU, en el fomento de la diplomacia preventiva y de sus capacidades en su zona de competencia. Cabe citar como ejemplos la iniciativa de “Mediación en el Mediterráneo”, que España impulsa junto con Marruecos, o la Primera Conferencia Internacional sobre Diplomacia Preventiva en el Mediterráneo, celebrada el pasado mayo en Alicante, que contó con la participación de NNUU y numerosas organizaciones regionales y subregionales, entre ellas la OCI.

 

  • A corto plazo:

 

A corto plazo, parece urgente ofrecer una contra-narrativa al discurso terrorista, que en los últimos años parece haber alcanzado su punto de máxima atracción para un número significativo de personas. En ese terreno, tanto las autoridades religiosas como los propios integrantes de la sociedad civil pueden utilizar la religión como herramienta de paz. Permítanme que me refiera a una idea española, la de crear una “Task Force” de Líderes Religiosos para Situaciones de Crisis, dependiente del Secretario General de Naciones Unidas. Esta fuerza de reacción rápida se desplazaría inmediatamente en el momento en que surgiera una crisis con contenido interreligioso o de extremismo violento, con el fin de prevenir su escalada y contribuir al diálogo intercomunitario.

 

Un dato que no debemos olvidar es que la gran mayoría de las víctimas del terrorismo son, hoy en día, musulmanas. Por ello, es especialmente oportuno que en su actuación, la OCI les sepa dar voz, pues su mensaje será especialmente legítimo y eficaz.

 

España ha presentado, como copatrocinador principal de la Alianza de Civilizaciones de Naciones Unidas una iniciativa que podría ser objeto de la colaboración entre las Naciones Unidas y la Organización de la Conferencia Islámica: la creación de un Comité supranacional público-privado para la Tolerancia que contribuya al envío de mensajes positivos y al desarrollo de una contra-narrativa a los extremistas en Internet

 

Además de en el ámbito de la lucha ideológica, es esencial la construcción de capacidades para combatir el terrorismo en el terreno legislativo, judicial y policial  las medidas establecidas por NNUU. Aquí la OCI puede desarrollar sinergias en su colaboración con el CTED, tanto en lo relativo al enfoque regional, como en el de sus Estados miembros.

 

  • Medio plazo.

 

En este ámbito, quisiera plantear hoy un dilema que afecta al trabajo de NNUU. Las agencias de esta organización se retiran de los lugares de conflicto cuando se consigue un nivel aceptable de funcionalidad económica y social, dejando irresueltos los  traumas  post-conflicto, que a menudo abonan el terreno para la división de las sociedades  de una parte de la población local que puede estar sedienta de venganza.

 

Por ello, tan importante como conseguir la paz, es seguirla construyendo. Por ello, España ha propuesto la inclusión de expertos en aspectos interculturales e interreligiosos en  las operaciones de mantenimiento de la paz y en misiones políticas de las Naciones Unidas. Es necesario tener un buen conocimiento de las sensibilidades culturales e interreligiosas para una acción eficaz de dichas operaciones y misiones, y la OCI puede desempeñar un importante papel a la hora de contribuir al conocimiento y de proporcionar expertos para las misiones en los países con población islámica.

 

Y puede  también dicha Organización contribuir a la inclusión del diálogo interreligioso en los esfuerzos de la Comisión para la Consolidación de la Paz en situaciones post-conflicto, en apoyo de la reconciliación entre las comunidades.

 

En este terreno, España está también promoviendo la creación de “Plataformas de Líderes Religiosos por la Paz” en las zonas en conflicto como Siria, Iraq, y en Israel-Palestina, para ayudar a las comunidades a cooperar en proyectos comunes. No es necesario subrayar el protagonismo de la OCI en la creación de dichas plataformas.

 

  • Largo plazo.

 

A largo plazo, se hace necesario abordar las causas y consecuencias profundas del extremismo violento, y empoderar a las sociedades, para que sus ciudadanos sean verdaderos protagonistas de su propio destino. Sólo el 20% de los jóvenes alega motivos religiosos para explicar su radicalización y reclutamiento por grupos armados o terroristas. Las razones son otras.

 

Es para ello esencial construir sociedades impermeables al radicalismo e inevitable referirse a la inclusión social y a los jóvenes. NNUU y la OCI deben compartir las buenas prácticas que se han revelado más útiles en distintos países para promover la inclusión social y, en particular, la de los 1800 millones de jóvenes que hay en el mundo. La educación es una condición necesaria pero no siempre suficiente para evitar la adhesión a las ideologías extremistas y violentas; es importante pues promover una educación multicultural, basada en valores universales, en el respeto a la diversidad y en los derechos humanos.

 

Una vez más en el marco de la Alianza de Civilizaciones, España ha propuesto dos actuaciones en las que la OCI puede participar de forma singularmente eficaz; 1) el desarrollo de una estrategia de comunicación basada en el respeto a los derechos humanos que incluya acuerdos con líderes religiosos y creadores de opinión que llegue a los más jóvenes; 2) la promoción del diálogo interreligioso en situaciones  de conflicto.

 

Quisiera resaltar también la labor realizada por la Universidad egipcia Al-Azhar, que ha establecido un Observatorio para analizar todas las fetuas e identificar así cuáles podrían incitar a los jóvenes a unirse a grupos extremistas.

 

El programa es ambicioso, pero no debemos olvidar que, a fin de cuentas, religiones como la que hoy está aquí representada llevan siglos facilitando el desarrollo de sociedades capaces de vivir en armonía y en paz.