España interviene en el debate abierto del Consejo de Seguridad de la ONU sobre “Mujer, paz y seguridad”

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España interviene en el debate abierto del Consejo de Seguridad de la ONU sobre “Mujer, paz y seguridad”

Nueva York, 28 de octubre de 2014

Quisiera agradecer a la Sra. Mlambo-Ngcuka, Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Dr. Chaloka Beyani, relator especial para los Derechos de las personas desplazadas, y la Sra. Suaad Allami, Directora de Sadr City Women’s Center and Legal Clinic (Baghdad) que ha ofrecido la perspectiva de la sociedad civil.

Nos sumamos a la declaración realizada por el representante de la delegación de la Unión Europea.

Agradecemos a Argentina la organización de este debate y la felicitamos por centrarlo este año en la especial situación de las mujeres refugiadas y desplazadas. En este año en que se registra la cifra más alta de desplazados desde la segunda guerra mundial, creemos que es más que oportuno recordar que más de la mitad son mujeres y niñas y que el extremismo que presenciamos en algunas partes del mundo va a incrementar, posiblemente de modo exponencial, esta proporción. Así se recoge en la Declaración del Presidente del Consejo de Seguridad, hecha pública hoy, y que España acoge con satisfacción.

La cifra que ofrece el ACNUR son reveladoras: a finales de 2013, más de 51 millones de personas estaban en situación de desplazamiento o refugio y todo hace prever que a finales de este año la cifra habrá aumentado: Sólo el conflicto sirio registra ya 6,5 millones de desplazados.

Las situaciones de desplazamiento suponen “per se” una exacerbación de la discriminación y vulnerabilidad de las mujeres y las niñas, que se ven privadas de un entorno familiar seguro y obligadas, en la mayoría de las ocasiones, a asumir unas funciones de jefe de familia para el que su entorno sociocultural y su educación no las ha preparado.

El desplazamiento incrementa la vulnerabilidad de mujeres y niñas ante amenazas como la actuación de las redes de traficantes, trata, reclutamiento por parte de grupos armados, matrimonios forzados, apatridia, prostitución y violencia sexual, todo ello sin contar con la imposibilidad de optar al disfrute de derechos básicos, como el derecho a la educación o a recibir una asistencia sanitaria adecuada.

A lo largo de estos últimos años, hemos visto con satisfacción como el Consejo de Seguridad adoptaba una línea cada vez más proactiva y focalizada en la situación de las mujeres en un contexto de conflicto. Cabe recordar, sin embargo, que la responsabilidad primaria de proteger a sus desplazados recae sobre los propios Estados, que están obligados a adoptar cuantas medidas sean necesarias para prevenir la vulneración de los derechos básicos de las personas desplazadas, paliar los efectos adversos del desplazamiento sobre el disfrute de estos derechos básicos, así como investigar y castigar a los instigadores y actores de crímenes como el reclutamiento o la violencia sexual. En este sentido, volvemos a recordar la importancia de la Conferencia celebrada en Londres el pasado mes de junio y a subrayar la necesidad de llevar a la práctica sus resultados.

Creemos que es más que necesario que nunca que, en la revisión de los mandatos de las OMP, se fortalezca la perspectiva de género en su dimensión de protección y las prioridades de la agenda de Mujer, Paz y Seguridad, tal y como indica el Secretario General en su último informe. También creemos que en las situaciones post-conflicto es necesario seguir extremando la vigilancia y adoptando las medidas necesarias para que la participación de las mujeres en la reconstrucción del tejido social y económico del país quede garantizada. La experiencia muestra que la paz o el alto el fuego no significa forzosamente una mejora en la situación de las mujeres, más allá de la ausencia de combates. En los periodos de reconstrucción perviven muchas de las dificultades que afectan a las mujeres, en términos de falta de acceso al mercado laboral, a la educación, a la sanidad y a los mecanismos de toma de decisiones.

En este sentido, tal y como también señala el Secretario General en su informe, 2015 ofrece una oportunidad única para que todos los órganos de Naciones Unidas focalicen su atención en el empoderamiento de las mujeres, que debe ocupar un lugar central en la Agenda Post-15 y ser un factor primordial en la ayuda al desarrollo, tanto bilateral como multilateral.

En relación con esta oportunidad que constituye la revisión de la Res. 1325 en 2015, hemos de reflexionar sobre los logros alcanzados en su implementación y sobre los desafíos aún presentes en el ámbito de mujer, paz y seguridad.

En cuanto a los logros, las asociaciones de mujeres a favor de la paz han cobrado fuerza y en ciertos contextos han conseguido incluir sus preocupaciones en la agenda de las conversaciones de paz. Por otro lado, los mecanismos de justicia transicional son cada vez más eficaces en su respuesta a los crímenes de guerra contra las mujeres e incluyen dispositivos específicos para proteger a las mujeres que prestan testimonio. También observamos que las estrategias de planificación en escenarios post-conflicto van reconociendo progresivamente la necesidad de situar a las mujeres en los procesos de toma de decisiones.

También hemos de considerar un logro el hecho de que cada vez más países cuenten con Planes de Acción Nacionales para implementar la Res. 1325, de acuerdo a sus contextos específicos, como es el caso de España. Igualmente, cada vez más personal civil y militar destinado a misiones de paz internacionales recibe la formación necesaria para integrar correctamente la perspectiva de género en el ámbito de las misiones en las que participa.

No obstante, y pese a estos logros, son todavía numerosos los desafíos: desde 1992, menos del 10 por ciento de los negociadores de paz han sido mujeres y todavía son insuficientes las alusiones a cuestiones de género en los acuerdos de paz. También es insuficiente la presencia de las mujeres en los planes de desarme, desmovilización y reintegración tal y como muestran los Informes del Secretario General y de ONU-Mujeres a este respecto. Por último, la violencia sexual en conflictos se sigue ejerciendo de manera sistemática e impune.

En definitiva, sin duda hemos avanzado en la agenda mujeres, paz y seguridad, pero tenemos ante nosotros un gran desafío: lograr que las mujeres sean definitivamente reconocidas como agentes de los procesos de paz y que la protección de sus derechos sea parte imprescindible en dichos procesos.

2017-01-07T16:43:06+00:00 28/10/2014|Categories: Discursos, España en la ONU|